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Narrativa / Ilustraciones

 

 

 

Las aventuras de Polytychus

El ocioso Polytychus es compelido a la aventura por la urgencia de una falta: ha descuidado los sacrificios a los dioses. Así comienza el derrotero: del ocio al negocio, del aburrimiento autocomplaciente a la deuda y el valor justo de su saldo. Varios serán los afanes que implica este pago: conseguir el animal adecuado, introducirlo en el templo, actuar a demanda del delirio de los nuevos modos del sacrificio, tomar el pulso de un mundo que cambió de coordenadas. Los rituales cruentos exigidos para la satisfacción de la deidad han cambiado. Las bestias sacrificiales son faenadas de a cientos, mecánicamente. Ya no hay misterio, el buen augurio está certificado y sellado -a cambio de una suma prefijada y durante un tiempo determinado-. El nuevo orden jaquea los saberes de Polytychus obligándolo a moverse en un mundo que le es ajeno. Lejos de las reglas conocidas, nuestro antihéroe queda donado a una lógica de operaciones cuyos beneficios parecieran recaer en el propio sistema y sus costos, correr por cuenta de quienes lo sustentan. Es así como sacrificantes y sacrificados, superiores y subordinados, deudores y acreedores interactúan como planos dicotómicos de un mismo sujeto de mercado que adquirirá su valor en pugna consigo mismo y, por desmembramiento, con otros que, como él, se enlazan pivoteando en un tiempo dislocado. Un tiempo escindido de su cualidad primordial hermanada a los ciclos de la naturaleza al que se le ha invertido el signo. Un tiempo que, cual tronante Chronos, engulle deseo y devuelve deuda, especulación, rentabilidad. “Time is money”. Las aventuras a las que asistimos (no sin la experiencia de cierta catarsis en el sentido trágico) componen, esencialmente, la línea de superficie en la que deben espejarse los personajes para reconocerse y moverse en un mundo en el cual las obsoletas mancias han sido desplazadas por figuraciones cuyas claves encontramos no ya en los viejos hexámetros sino en la oposición, en las celeridades de combinación y en las astucias de las que se disponga para atravesar las imposiciones del intercambio, el control y los riesgos que estas transacciones conllevan. Este material temprano nos permite entrever a un joven Saussure que, valiéndose del lenguaje de la bande dessinée, prefigura el germen de algunas ideas que con el tiempo definirían las bases de su lingüística.

Hernán Camoletto

“Las aventuras de Polytychus” es la historieta que Ferdinand de Saussure dibujó a los 17 años, hallada en una caja de manuscritos en 1996, por primera vez publicada y traducida en formato libro. 

Traducción del francés de Gabriela Milone y Hernán Camoletto.

 

 

Ferdinand de Saussure (Ginebra, 26 de noviembre de 1857 - Vufflens le Château, 22 de febrero de 1913) fue un lingüista, semiólogo y filósofo suizo cuyas ideas sirvieron para el inicio y posterior desarrollo del estudio de la lingüística moderna en el siglo XX.​ Se lo conoce como el padre de la "lingüística estructural" del siglo XX.​ También inició la Escuela de Ginebra dentro de las llamadas escuelas estructuralistas. 

 

 

Las aventuras de Polytychus, Ferdinand de Saussure

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Las aventuras de Polytychus

El ocioso Polytychus es compelido a la aventura por la urgencia de una falta: ha descuidado los sacrificios a los dioses. Así comienza el derrotero: del ocio al negocio, del aburrimiento autocomplaciente a la deuda y el valor justo de su saldo. Varios serán los afanes que implica este pago: conseguir el animal adecuado, introducirlo en el templo, actuar a demanda del delirio de los nuevos modos del sacrificio, tomar el pulso de un mundo que cambió de coordenadas. Los rituales cruentos exigidos para la satisfacción de la deidad han cambiado. Las bestias sacrificiales son faenadas de a cientos, mecánicamente. Ya no hay misterio, el buen augurio está certificado y sellado -a cambio de una suma prefijada y durante un tiempo determinado-. El nuevo orden jaquea los saberes de Polytychus obligándolo a moverse en un mundo que le es ajeno. Lejos de las reglas conocidas, nuestro antihéroe queda donado a una lógica de operaciones cuyos beneficios parecieran recaer en el propio sistema y sus costos, correr por cuenta de quienes lo sustentan. Es así como sacrificantes y sacrificados, superiores y subordinados, deudores y acreedores interactúan como planos dicotómicos de un mismo sujeto de mercado que adquirirá su valor en pugna consigo mismo y, por desmembramiento, con otros que, como él, se enlazan pivoteando en un tiempo dislocado. Un tiempo escindido de su cualidad primordial hermanada a los ciclos de la naturaleza al que se le ha invertido el signo. Un tiempo que, cual tronante Chronos, engulle deseo y devuelve deuda, especulación, rentabilidad. “Time is money”. Las aventuras a las que asistimos (no sin la experiencia de cierta catarsis en el sentido trágico) componen, esencialmente, la línea de superficie en la que deben espejarse los personajes para reconocerse y moverse en un mundo en el cual las obsoletas mancias han sido desplazadas por figuraciones cuyas claves encontramos no ya en los viejos hexámetros sino en la oposición, en las celeridades de combinación y en las astucias de las que se disponga para atravesar las imposiciones del intercambio, el control y los riesgos que estas transacciones conllevan. Este material temprano nos permite entrever a un joven Saussure que, valiéndose del lenguaje de la bande dessinée, prefigura el germen de algunas ideas que con el tiempo definirían las bases de su lingüística.

Hernán Camoletto

“Las aventuras de Polytychus” es la historieta que Ferdinand de Saussure dibujó a los 17 años, hallada en una caja de manuscritos en 1996, por primera vez publicada y traducida en formato libro. 

Traducción del francés de Gabriela Milone y Hernán Camoletto.

 

 

Ferdinand de Saussure (Ginebra, 26 de noviembre de 1857 - Vufflens le Château, 22 de febrero de 1913) fue un lingüista, semiólogo y filósofo suizo cuyas ideas sirvieron para el inicio y posterior desarrollo del estudio de la lingüística moderna en el siglo XX.​ Se lo conoce como el padre de la "lingüística estructural" del siglo XX.​ También inició la Escuela de Ginebra dentro de las llamadas escuelas estructuralistas.