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Novela

 

 

Los estudiantes

El lector tiene ahora en sus manos un verdadero milagro. Parafraseando a Amaro Villanueva, uno de sus primeros exégetas, esta edición de Los estudiantes viene a reparar una triple injusticia: con nuestra literatura, que se ha visto empobrecida con la ausencia de esta excepcional estudiantina, género hasta ahora sostenido exclusivamente por la Juvenilia de Miguel Cané; con nuestra cultura, que ha sido privada de este testimonio fundamental de la época de oro de la Escuela Normal de Profesores de Paraná; y, finalmente, con su autor, que enseña aquí, con maestría, la elegancia de su escritura, su concepción del humor como método de conocimiento y el brillo de una erudición que surge del aprendizaje incesante de la vida y sus lenguajes. Como lo señala Graciela Villanueva: «En el entusiasmo creativo y cultural desbordante [de Mercante], a quien la educación ha descubierto un mundo completamente nuevo, podemos percibir la voluntad de hacerse un lugar en ese mundo del que, sin su paso por la escuela, hubiera estado totalmente excluido».

 

Víctor Mercante nació en Merlo, provincia de Buenos Aires, el 21 de febrero de 1870. Pero cuando tenía seis años volvió con sus padres a la casa que habían dejado en el Piamonte, cerca de la aldea de Zebedassi. La familia se instaló definitivamente en Argentina en 1880, cuando Víctor tenía diez años y se había olvidado casi por completo del castellano. Alumno brillante, obtuvo una beca para estudiar en la Escuela Normal de Paraná, de la que egresó en 1889. Fue maestro, diputado, director e inspector de escuelas, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, publicó libros de pedagogía, tuvo siete hijos.

 

Esta edición crítica contó con la dirección de Graciela Villanueva, quien preparó un estudio preliminar, un rico vocabulario, notas de lectura, una cronología y una bibliografía. Se incluyen, además, las ilustraciones de la primera edición de 1908, el prólogo de Amaro Villanueva a la de 1961 y un artículo de Silvina Fernández escrito especialmente para esta ocasión.

 

Los estudiantes, Victor Mercante

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Los estudiantes, Victor Mercante $3.300,00

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Los estudiantes

El lector tiene ahora en sus manos un verdadero milagro. Parafraseando a Amaro Villanueva, uno de sus primeros exégetas, esta edición de Los estudiantes viene a reparar una triple injusticia: con nuestra literatura, que se ha visto empobrecida con la ausencia de esta excepcional estudiantina, género hasta ahora sostenido exclusivamente por la Juvenilia de Miguel Cané; con nuestra cultura, que ha sido privada de este testimonio fundamental de la época de oro de la Escuela Normal de Profesores de Paraná; y, finalmente, con su autor, que enseña aquí, con maestría, la elegancia de su escritura, su concepción del humor como método de conocimiento y el brillo de una erudición que surge del aprendizaje incesante de la vida y sus lenguajes. Como lo señala Graciela Villanueva: «En el entusiasmo creativo y cultural desbordante [de Mercante], a quien la educación ha descubierto un mundo completamente nuevo, podemos percibir la voluntad de hacerse un lugar en ese mundo del que, sin su paso por la escuela, hubiera estado totalmente excluido».

 

Víctor Mercante nació en Merlo, provincia de Buenos Aires, el 21 de febrero de 1870. Pero cuando tenía seis años volvió con sus padres a la casa que habían dejado en el Piamonte, cerca de la aldea de Zebedassi. La familia se instaló definitivamente en Argentina en 1880, cuando Víctor tenía diez años y se había olvidado casi por completo del castellano. Alumno brillante, obtuvo una beca para estudiar en la Escuela Normal de Paraná, de la que egresó en 1889. Fue maestro, diputado, director e inspector de escuelas, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, publicó libros de pedagogía, tuvo siete hijos.

 

Esta edición crítica contó con la dirección de Graciela Villanueva, quien preparó un estudio preliminar, un rico vocabulario, notas de lectura, una cronología y una bibliografía. Se incluyen, además, las ilustraciones de la primera edición de 1908, el prólogo de Amaro Villanueva a la de 1961 y un artículo de Silvina Fernández escrito especialmente para esta ocasión.